Entrevista a Anna Jolonch y Miquel Martínez: Tiempo para el liderazgo educativo

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Anna Jolonch. Doctora en Ciencias de la Educación (Universidad de París VIII). Profesora de la UB y asociada a la UCL. Directora de LID Barcelona.

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Miquel Martínez. Catedrático de Teoría de la Educación y miembro del grupo de investigación GREM de la Universidad de Barcelona.

¿Podríais explicar cómo el liderazgo colaborativo puede servir como catalizador para la transformación educativa y cuáles son los principales desafíos que afrontan los líderes al promover esta cultura en las escuelas?

El liderazgo colaborativo supone liderar un proceso en un horizonte que se tiene que construir entre todos los responsables de los diferentes ámbitos de la actividad del centro y con la participación de todo el equipo educativo. Esta colaboración genera sentido de pertenencia y propicia corresponsabilidad en la toma de decisiones y en el logro de las acciones que hacen falta para transformar la cultura docente de un centro. Sin este trabajo en clave colaborativa es difícil la transformación educativa a nivel de centro.

Algunos de los desafíos principales que afrontan los líderes al promover esta cultura de centro es saber escuchar para reconocer el buen trabajo que ya se hace, ganar la autoridad moral para ser reconocido como líder y coger el ritmo adecuado para avanzar en el cambio sin que nadie se quede atrás. Es un liderazgo que promueve el desarrollo de una comunidad de maestros y maestras donde todos son aprendices y colaboran para mejorar la práctica educativa y el aprendizaje del alumnado.

¿Cuáles consideráis que son las virtudes más críticas y relevantes para los líderes educativos actualmente y cómo se pueden desarrollar y fomentar estas virtudes dentro de los equipos docentes?

La primera, el respeto y el reconocimiento del trabajo que se hace sin que signifique necesariamente aprobación. Y para eso hace falta empatía. La creatividad, en el sentido que nos dice Viviane Robinson, como virtud imaginativa que permite reimaginar y encontrar soluciones ante los problemas. La tercera, hace falta que sean capaces de no imponer sus ideas preconcebidas y no actuar a la defensiva. Y para eso hace falta escucha y respeto. Dentro de los equipos educativos estas virtudes se pueden fomentar si se genera un clima de confianza que desarrolle virtudes como por ejemplo atreverse a cambiar, es decir, valentía; honestidad, valorando puntos fuertes y débiles de la situación actual del centro, capacidad de autocrítica y actitud propositiva; y reflexión compartida sobre la práctica con el objetivo que todo alumno logre un aprendizaje profundo.

¿Cómo puede el liderazgo en las instituciones educativas contribuir efectivamente al bienestar del profesorado?

Sabemos por la investigación educativa que la satisfacción y el bienestar docente dependen en gran medida de las oportunidades que se dan para crecer y desarrollarse profesionalmente a lo largo de la vida profesional. Por eso es clave propiciar espacios para compartir problemas entre los miembros del equipo educativo, en relación con las familias y con el alumnado de forma que cada uno de los miembros del equipo sea consciente de que no actúa a título individual sino que forma parte de una comunidad profesional que analiza los problemas y se posiciona ante las cuestiones controvertidas y complejas, tomando decisiones colegiadas. A menudo en los centros los docentes comparten problemas –a veces en conversaciones de comedor o patio– pero comparten menos su análisis, las soluciones aportadas, si fueron acertadas o no. Se necesitan espacios de reflexión y de crecimiento profesional con el objetivo de mejorar la práctica educativa. Compartir responsabilidades en clave de comunidad de aprendizaje siempre ayuda a conseguir más bienestar.

¿Cuáles son las lecciones más valiosas que otros países o regiones pueden aprender de estas experiencias en términos de liderazgo y transformación educativa?

Lo primero que aprendemos es que el liderazgo es importante. La excelencia en el liderazgo de una escuela impacta directamente en el aprendizaje de los alumnos. Una mirada internacional sobre el tema nos dice que la estabilidad de los equipos docentes y una especial atención al desarrollo profesional con consecuencias económicas y laborales ayuda, y mucho. Pero, para animarse en procesos de transformación educativa y liderazgo, primero hace falta que los reconocimientos sean para el equipo de centro y, en un segundo momento, tenga efectos a título personal. Actualmente, hay evidencia sólida de que participar en la investigación puede tener un impacto positivo tanto en la práctica docente como en la mejora escolar; el desafío es cómo hacerlo realidad. El enfoque desde la indagación docente que proponemos en el capítulo de Mark Quinn y Greg Ross da respuesta a este desafío.

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